—¿Has bebido, Romy?—pregunta Alessandro aproximándose un poco hacia mi.
—Un poco—admito y sonrío, pero enseguida percibo un extraño aroma, parece madera o mejor dicho un perfume varonil. El aroma me inunda por completo y sonrió.
—No sabia que podías usar algo tan vano como un perfume—me atrevo a decir y aunque me parece que se ruboriza, la tenue luz de la luna no me permite averiguarlo.
—Me parece que la gente tiene una idea errónea de las personas que tomamos los hábitos—declara— también