En cuanto salí de mi auto le di la llave al chico que los estacionaba y me acerqué a la puerta para entrar en el lugar, pero antes de que pudiera hacerlo mis pies se detuvieron y me quedé frizada, pasmada en el suelo frente al restaurante mientras esos ojos y esa cara tan pero tan conocida que había protagonizado cada una de mis pesadillas se acercaba a mí.
Intenté retroceder, pero mi cuerpo comenzó a recordar las viejas costumbres que había mantenido encerrada y sabía que si retrocedía ella me