Estefania Wolsky
Mi bebé de un año de edad correteaba por la habitación mientras soltaba risitas, a penas aprendía a caminar y ya se ponía de pie para comenzar a perseguir a unos pequeños hámsteres que les habían regalado sus hermanos.
Sus risitas suaves me daban vida y mientras estaba sentada ahí con el mi esposo, mis demás y mi hermana se encontraban en la sala esperando los resultados de las elecciones.
Se suponía que debía estar en mi oficina con mi comité esperando la respuesta para dar un