Otto Overman era un excelente contable. Me agradaba como personas y como empleado porque cumplía con su trabajo, pero de vez en cuando se tomaba su tiempo para jugar con los niños bajo supervisión de Tiara.
Pero no iba a dejarme engañar. Desde el momento en el que él entró al orfanato las arpías Stella y Alice habían dejado de enviar sus correos continuos y sus visitas una vez a la semana de forma fugaz se habían detenido.
No iba a engañarme diciéndome que era por mi excelente trabajo, porque e