Abril no puede procesar del todo lo que ha sucedido esa mañana. Solo puede confirmar que definitivamente Alejandro está en su etapa de loco y no le permitirá renunciar.
—¿Señorita Abril?— Consultó una mujer de pie en la puerta luego de haber pedido acceso.
—Soy yo—. Respondió, alzando una ceja y viendo detenidamente la caja de chocolates y flores de girasol que la repartidora sostiene.
—Le envían este detalle, por favor, firme la entrega.
Abril sonrió, imaginó que había sido su ahora novio Albe