— ¿Cómo te atreves? ¡Cómo diablos te atreves!.
Los gritos casi salvajes resonaron por toda la mansión, haciendo detener Branyelith en la entrada de su habitación, primera vez que escuchaba la voz del dueño de toda aquella casa. Antes de continuar abriendo la puerta para entrar en su cuarto. Por unos minutos, no supo contener la rabia que sentía por dentro. Porque sabía que estaba gritándole a su madrina. Lo único que parecía real, era la furia con la que las palabras habían sido pronunciadas. Q