Sacó otra foto. Esta vez, Brany sintió que la sangre se le helaba. Era ella. Saliendo de la casa de Irina. Con el sobre en la mano. La misma ropa que llevaba el día anterior.
—Nos siguieron —susurró—. Desde Irina hasta aquí. O hasta donde pudieron.
—O Irina les avisó —dijo Piotr, con dureza—. La mujer no es tan ingenua como parecía.
—No lo creo —intervino Yermolov—. Si Irina hubiera querido traicionarlos, las fotos serían de su encuentro con ella, no de la salida. Alguien más los vigilaba.