Aquel día, Encarnación habló con Brany sobre la posibilidad de viajar a Italia por unos días. Al enterarse, Brany se emocionó muchísimo. Era la primera vez que saldría de Rusia, y después de todo lo que había estado viviendo, la idea de visitar la bella Roma le parecía un sueño hecho realidad. Conocería nuevos lugares, nuevas culturas y escaparía, aunque fuera por un tiempo, de la rutina que la envolvía.
—¡Qué emoción, madrina! ¿Y por qué vamos a Italia? —preguntó Dulce, con los ojos brillantes