Bárbara.
Han pasado cinco días desde que nos emboscaron. No hemos dormido bien, no he comido casi nada y el dolor en mi hombro apenas se contiene con medicación. Abandonamos Ekaterimburgo después del atentado y nos dirigimos a Moscú para refugiarnos en una casa de seguridad que, siendo honesta, no tenía nada de segura. Aun así, cuando me reuní con mi hijo, pude respirar por primera vez.
Volvimos a movernos después de la “reunión de urgencia” y la mayoría vino con nosotros para operar desde aquí