Natalie:
No estoy loca. No, no puede ser. Me repito esas palabras en la mente, como si al aferrarme a ellas pudiera anclarme a la realidad, pero todo a mi alrededor se desdibuja en un torbellino de incredulidad y asombro. ¿Estoy soñando? ¿Estoy delirando? Los ojos de Malakai centellean como dos lunas llenas, dorados y sobrehumanos, y aunque su mirada me causa un escalofrío que recorren mi espina, no siento miedo ante él, sino un refugio extraño, casi familiar, como que su mirada me jurará que m