El eco distante de disparos rompió el silencio espeso de la tarde, y Malakai, acostumbrado a distinguir los sonidos del rancho, supo de inmediato que no era un ruido habitual, por lo que sin pensarlo dos veces, salió de la mansión a grandes zancadas, pensando que dejaba a Natalie en un lugar seguro, con los sentidos alerta y la tensión marcando sus facciones cruzo la puerta principal y avanzo un poco, hasta donde encontró a un grupo de su manada ya apostados en cercanía del picadero, con rostro