El auto de Kamus, un BMW negro del año, con interior personalizado bajo su supervisión, para su deleite y comodidad, avanzaba a unos ochenta y cinco kilómetros por hora por la autopista. A su lado y hundida en el mullido asiento de copiloto, Unavi no había preguntado hacia dónde iban, pero sabía que no era a la casa de él ni a la de Lu porque se alejaban cada vez más del centro.
—Eso fue una locura, Al. El CEO de Bell estará furioso.
El glamoroso evento había acabado convertido en un circense