—¡Woah! —Sienna golpeó su timón—. Eso sí que estuvo divertido. —Su hermana los miró por el espejo retrovisor—. ¿No lo creen?
—Ojos al frente. —Vincenzo se giró hacia Serena para asegurarse que no le había dado un colapso después de lo cerca que habían estado de quedar atrapados—. ¿Estás bien? —tomó su mano y le dio un apretón.
—Sí. Eso estuvo cerca.
—Demasiado.
Su auto había pasado rozando las puertas de metal. Habían perdido un espejo y estaba seguro que la pintura había sufrido algunos dañ