Serena soltó un gemido cuando Vincenzo acarició su sex0. Los dos estaban tan ansiosos que aún seguían vestidos y no habían llegado más allá de pasillo.
—Vincenzo —gimió cuando él tocó un punto sensible en su interior.
—Te ves tan preciosa. —Vincenzo depositó en el centro de su pecho e intensificó el movimiento de sus dedos.
—No… no pares —suplicó entre jadeos.
—No planeaba hacerlo.
Vincenzo se tomó su tiempo para apreciar a su esposa. Sus ojos estaban nublados por el deseo, tenía el la