Vincenzo respondió el teléfono sin dejar de revisar los papeles en sus manos. Se había reincorporado al trabajo ese día y ya tenía una fila de documentos que revisar. Dos nuevos casos que atender, incluyendo el de Garibaldi.
—Señor Morelli, hay alguien aquí que quiere verlo —le informó Grazia, su secretaria.
—¿De quién se trata?
—El señor Volkov. Kassio Volkov.
—Está bien, hazlo pasar.
—Por supuesto.
Vincenzo soltó una maldición en cuanto dio por terminada la llamada. La visita de Volkov s