Aynara se despertó enredada en el cuerpo de Bóreas.
No era una metáfora. Estaba literalmente encaramada en su pecho, como un koala enamorado. Su pierna izquierda descansaba entre las de él. Su brazo derecho rodeaba su cintura. Su mejilla apoyada en su hombro.
Él estaba desnudo. Ella también. Las sábanas yacían en el suelo, víctimas de una noche que ninguno de los dos olvidaría.
Cuando vio los ojos de Bóreas, los tuvo que volver a cerrar.
No estaba lista. No era de mañana. No después de lo que h