CAPÍTULO 58. COINCIDENCIA

Karina, sin pensar ni un minuto más, se levantó de su asiento y lo besó, chupando su labio inferior. Hasta que llegó el mesero y los interrumpió, ella se avergonzó porque los encontraron besándose, su rostro era del color de una fresa. Marino la miró y no pudo evitar reírse ante la expresión de su chica. Hizo su pedido y el hombre se retir&oacut

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ofelia romerofinalmente, el destino une y a veces puede haber milagros
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