Me doy la vuelta en la cama, inmensamente desnuda. Ansiosa de tener su prolongación dentro de mi y le abro los muslos para que gatee entre mis piernas y se meta bien hondo en mi cuerpo.
Mis brazos y toda yo le abrazamos, es una locura sentir lo que siento cuando estamos juntos, cuando estamos desnudos y estamos uno sobre el otro planeando una gran guerra de la que solo saldrá vivo el que más artillería tenga y nosotros, nosotros estamos empezando a desempolvar los tanques.
—¡Dios míos, nena...!