Samuel Straits está delante de mi sin rastros de su anterior embriaguez y sin saber por qué lo hago, me lanzo a sus brazos que me atrapan enseguida como si hubiera nacido para pertenecer a ellos. Me aprietan contra su pecho al tiempo que su nariz huele mi pelo.
Nunca podré explicar la relación entre los dos. Cuándo nos hicimos tan compatibles o cuando tan lejanos. Somos como dos caras de la misma moneda. Funcionamos al derecho y al reverso. Pero en el fondo pertenecemos a otros. Y los dos lo sa