Tuve que mantener muy bien mi fachada de Nicoletta. Hice un gran papel al no delatar mi identidad. Mirar a Claudio con indiferencia y fingir que era la primera vez que lo veía.
Aún así él no se dió por vencido y luego de que mi marido le recordara que mi supuesta gemela y yo éramos como gotas de agua, por lo tanto no es de extrañar que tuviéramos la misma voz, insistió en interrogarme a solas.
—Bueno, usted dirá —calco a la perfección el acento ruso.
La oficina en la que estamos no es más que