—¿Qué se supone que haces aquí? —pregunto sin dejar de sorprenderme de su apariencia.
—Negocios...negocios —estoy a nada de tomar decisiones delicadas cuando mi suegro se aparece a enfrentarme —. Necesitas irte de aquí, hermanita. Nunca debiste volver ahora que tu preciado Ian no está.
El padre de mi marido pone una mano alrededor de los hombros de ella y arrugo la frente. No entiendo qué coño pasa pero tengo que averiguarlo. Y pronto. Y tengo que hacerlo antes de que Ian aparezca frente a el