Esa misma noche llego a Moscú después de haber cenado con el ruso en París.
Me alojo en un hotel que gestiona Adhila y sé que mi marido está al tanto de todos mis movimientos. Aunque de lo que no es consciente es del juego al que se está atreviendo a perder teniéndome como adversaria.
Ya imaginaba que estaba vivo cuando Adhila apareció por mi vida casi como si fuera un ángel de la salvación absoluta. Era increíble que una desconocida tuviera poder para sacar a Samuel de la cárcel cuando el úni