Victoria.
Lo que era un misterio para los humanos se me revelaba claramente. Mi imaginación se descontrolaba y viajaba mucho más allá de lo que la razón aconsejaba. Aún podía saborear la sangre de Tristán en mi boca, sentirla fluir y palpitar dentro de mí, mezclándose con mis células. Sentía que el tiempo pasaba demasiado rápido y deseaba volver a la realidad.
Mi mente comenzó a viajar hasta mundos fantásticos poblados de mares luminosos de neón líquido, luego llegó a galaxias muy lejanas.