De repente, un tirón brusco arrancó un grito de sorpresa a Bella.
Al instante siguiente, se vio envuelta en un amplio abrazo.
Reconoció el aroma familiar y, al girarse, vio que era Pedro.
Él acababa de llegar del ascensor y en su apuesto rostro se reflejaba un gesto adusto, mientras sus ojos oscuros miraban a Carlos con frialdad.
—¿Quién te ha autorizado a tocarla? —preguntó Pedro en tono grave.
Carlos tampoco lucía una expresión amable. —¿Qué te importa a ti? ¿Con qué derecho arrastras a Bella?