—Esposa mía, eres mi esposa...
Musitó Julio, acercándose a Elena con aire ebrio y envolviéndola en un abrazo. —Mi amor, ayúdame, di algo...
El peso del hombre borracho recayó sobre ella, y Elena exclamó: —¡Ayúdenme a apartarlo, está ebrio!
Entre la sorpresa, los presentes se apresuraron a separar a Julio.
—Elena, cariño, vamos a casa...
Decía Julio, agarrando el brazo de un médico con la mirada perdida. —No me ignores...
Quedó claro que Julio ya no distinguía a las personas.
—El jefe lo conoce,