—¿Por qué tienes tan mal genio? —dijo Manuel despreocupado—. Estamos divirtiéndonos en el bar, ¿por qué no vienes a tomar una copa, hermano Pedro, y te relajas un poco?
—No voy, no tengo tiempo. —respondió Pedro sin rodeos.
Manuel no se sorprendió por el rechazo de Pedro y dijo con malicia: —¿Estás seguro de que no quieres venir? Hay una sorpresa, seguro que te interesa.
—Deja de hacer tonterías.
Respondió Pedro y colgó el teléfono.
Manuel no se preocupó en lo más mínimo. Le envió a Pedro la fot