108. Normalidad
—Vamos, por favor abre la puerta— gritó mamá.
—¡Vete!— grité.
—Por favor, por el bien de tu bebé— Ella suspiró.—Tienes que comer…
Agarré mi almohada, me tapé la cara con ella y grité frustrada.
Ella siguió llamando.
Me rodé hasta el borde de la cama. Arrastré mis pies sobre el suelo, mis piernas levantando mi peso. Sentí un calor cada vez más ruidoso, mis piernas apenas podían soportar mi peso. Mis piernas se estaban desmoronando.
Caminé hacia la puerta que daba al pasillo.
Estos fueron los efe