109. Conducir
—Hola,— dije contestando el teléfono.
—¿Addie eres tú?—dijo una voz ronca.
—¿Ma?—dije.
Finalmente reconocí su voz. Era mi abuela, la madre de mi padre. Una icona de supervivencia.
Dylan me miraba con una ceja levantada mientras se recostaba en el sofá como si fuera el de su casa.
—Addie, suenas tan adulta. No te he visto en un tiempo. Te extraño tanto.— dijo ella, su voz no escondió grandes dosis de tristeza.
—Yo también te extraño—dije.
—Cuando vienes a verme, la única vez que te vi fue en un