El rostro de Maeve palideció espantosamente al instante. "¡¿Qué te pasó en la mano?!".
Se apresuró a llamar al médico y a la enfermera, pero Deirdre recobró el sentido de la realidad. Se cubrió la mano ensangrentada con la otra y dijo con la mirada baja: "Está... Está bien. No te preocupes".
"¿Cómo puedes decir que está bien? ¡El vendaje está empapado y rojo! ¿Por qué no te cuidas? ¿Qué vas a hacer cuando me vaya hoy?".
Maeve estaba aterrorizada y furiosa. El médico vino y examinó a Deirdre,