Brendan sabía que solo era complaciente por el bien de Ofelia, pero el resultado por sí solo era satisfactorio. Pidió una pastilla digestiva y la introdujo en la boca de Deirdre.
Revisó el reloj de su muñeca y ya era casi la hora. "Hora de irnos".
Envolvió a Deirdre en un abrigo y la llevó afuera. Sam estaba a punto de seguirlos también, pero Brendan lo detuvo. "Te quedarás en casa hoy. Deirdre y yo tenemos asuntos privados que atender".
El doctor Ginger esperó a que se marcharan para acerc