56.
La tensión que se había acumulado en el aire se rompió de la forma más inesperada. Cuando Isaak dio ese paso al frente, no fue para desenvainar su espada ni para cuestionar la identidad del recién llegado.
Al contrario, una sonrisa genuina (algo casi inaudito en él) iluminó su rostro cansado.
— Vaya, así que al final lo lograste — dijo Isaak, cruzándose de brazos con una familiaridad que dejó a Bella y a Anna de piedra — Felicidades, Helios. No cualquiera puede decir que es el dueño de la Torre