La luz de la mañana entraba por la ventana de la clase de cocina. Las mujeres estaban reunidas alrededor de la mesa, cortando verduras y charlando. El aire olía a cebolla, harina y mantequilla.
De pronto, una de las mujeres frunció el ceño y dijo: “Esta agua es horrible. Huele mal. ¿Cómo se supone que vamos a cocinar con esto?”
Otra mujer se unió al reclamo: “Sí, no puedo usarla. Tal vez deberíamos decirle a la maestra que consiga agua embotellada.”
La sala se llenó de murmullos. Algunas mujere