El aire entre nosotros se cargó de una quietud palpable. Dorian, de pie frente a mí, parecía estar esperando algo más, como si cada palabra que había dicho hasta ahora necesitara ser digerida antes de avanzar. Yo, por mi parte, no quería hablar más de mí. No aún. No hasta que pudiera entender lo que realmente había sucedido en el clan desde que me fui.
En lugar de continuar por el mismo camino, lo interrumpí.
—¿Y mi madre? —Mi voz, aunque suave, estaba impregnada de la misma urgencia que había