El aullido cortó el aire, y por un segundo, el mundo se detuvo. El viento, que antes había sido un susurro, ahora parecía estar contenido, esperando. La oscuridad entre los árboles parecía más espesa, como si la misma naturaleza hubiera inhalado y estuviera esperando el siguiente movimiento.
No me hizo falta pensar. Lo sentí en cada fibra de mi ser, en el rincón más profundo de mi alma. Ese sonido no era un simple eco en la montaña. Era una llamada. Era su llamada.
Ashen, a mi lado, ya estaba e