No fue una confrontación.
Y eso, para muchos, resultó más inquietante que cualquier estallido abierto.
La primera grieta apareció en algo tan pequeño que, en otro tiempo, habría pasado desapercibido: una solicitud devuelta. No rechazada. Devuelta. Con una nota neutra, técnica, impecable. No había juicio. No había acusación. Solo una pregunta maldita, formulada con la precisión suficiente para obligar a mirar dos veces.
¿Bajo qué criterio fue asignada esta prioridad?
Nada más.
Pero ese “nada más