La noche no cayó de inmediato.
Se quedó suspendida sobre Umbra Lux como una respiración contenida, como si el cielo mismo dudara antes de inclinarse del todo hacia la oscuridad. El campamento estaba activo, pero en un estado nuevo: menos ruidoso, más selectivo. Los grupos se habían reducido. Las conversaciones ya no eran abiertas. Se elegían los oídos con cuidado.
Eso también era una señal.
Dorian se movía con una eficiencia silenciosa que no necesitaba explicaciones. No reunía gente en círculo.