ELORA
Mis ojos, aún entrecerrados y lanzándole dagas con la mirada, la observaban mientras esperaba a que dijera algo; parecía que quería hablar, pero no podía.
Mis sospechas crecían con cada segundo, y mi ira aumentaba junto con ellas. Esperé a que Martha dijera algo.
—Hola, Luna, la criada encargada de servir en el calabozo está enferma y me pidieron que la sustituyera —dijo Martha de inmediato. La vi mirar el suelo con nerviosismo, negándose a encontrar mi mirada.
Me burlé, casi riendo, pues