ELORA
Gemí cuando él fue dejando besos por mi clavícula, mi piel hormigueando tanto por su aliento como por la electricidad de su contacto.
Mis piernas se enredaron con las suyas, pero aún no había terminado… no hasta que le diera toda la satisfacción que quería probar de mí. Sus manos encontraron la cremallera de mi falda y comenzó a subirla, mis caderas balanceándose contra su dureza mientras presionaba un rastro de besos húmedos sobre mi estómago.
Me aferré a sus hombros con una mano mientra