Lara se desperezó en la cama cuando sintió los primeros rayos del sol anunciando la mañana. Se estiró ronroneando y palpó con la mano y los ojos cerrados la cama a su lado encontrándola vacía. Gruñó en consecuencia, pero eso no arruinaría su buen humor. Las sábanas estaban frías indicándole que su marido hacía mucho se había levantado, pero después de la increíble noche como la que le había dado no tenía razones para molestarse por absolutamente nada.
Abrió lentamente los ojos frotándolo y bost