Mathew soltó el pezón húmedo y sumamente hinchado después de haberlo chupado y estimulado con su boca hasta ser desesperante para la dueña de este. Una muy fina línea blanquecina salió de él como último rastro del líquido.
Como buen esposo dedicado a su tarea había tragado con ansias todo lo que aquel lugar tenía para ofrecerle. Ahora había rastros del sabor dulzón en todo su paladar. Era delicioso y exquisito. Se relamió los labios llevándose los restos sobre estos.
-Marido mío, estás lleno- L