Mathew suspiró. Por más que quisiera tenía que aceptar que su esposo era... particular. Y a eso se le añadía que ahora, gracias a ella tenía sus dos nalgas algo rojas. Lara no había escatimado en golpearlas con fuerza y dejar sus dedos marcados.
Sabía que su cuerpo estaba bien formado resultado de muchísimos años de entrenamiento y de su fuerte genética como lobo. No tenía ni una gota de grasa de más y la poca estaba repartida estratégicamente. Y su esposa se encargaba todo el tiempo de recorda