Izel
Me llevo una mano al pecho cuando la taza resbala de mis manos y el dolor se vuelve más punzante obligándome a sentarme. Tomó respiraciones agitadas dejando que las lágrimas salgan de mis ojos. Duele, duele demasiado y no sé cuánto tiempo más podré resistir este dolor.
–Otra vez, debería ir y matar a ese jodido demonio– Julián se sienta a mi lado poniendo su mano en mi pecho y haciendo que el dolor regule a algo más soportable.
–No es su culpa, él ni siquiera sabe que exitoso– admito,