Sábado por la mañana, un día soleado y perfecto para broncearse, cosa que no puedo hacer hasta que termine de organizar mi habitación. Extraño el personal de servicio que teníamos en la manada.
Había pasado toda la mañana organizando mi armario y aún no iba ni por la mitad. Que pereza. Me levanté del suelo cuando la pantalla de mi computador se enciende anunciando una llamada.
—¡Holaa!— saluda Isa a través de la pantalla emocionada.
—Holaaa— Saludo con el mismo entusiasmo.
—¿Qué tal tu primera