Narrado por Aldara
Ragnar no perdió tiempo. Apenas amaneció, me llevó a un claro más alejado del bosque, un lugar que parecía apartado incluso para los estándares de su territorio. Las ramas de los árboles formaban una especie de cúpula natural, y el suelo estaba cubierto por un manto de hojas secas que crujían bajo nuestros pasos. Era un espacio tranquilo, pero la tensión en el aire era palpable.
—Aquí nadie nos interrumpirá, —dijo Ragnar, girándose para enfrentarme. Sus ojos dorados me miraba