Escucho las hojas crujir bajo su peso, santo infierno, ni siquiera he calentado, pero me pongo en posición de ataque. Una extraña corriente aire fresco me envuelve, la temperatura decrece y deshecho el escalofrío.
—Es hora de poner a prueba tus límites.
Su tono al decirlo me hace ver que definitivamente se va a desquitar. No busca quién se la hizo, si no quién se la pague, y siendo honesta, fui yo quien se la hizo. En el silencio más profundo se acerca a mí y lanza una estocada. Eso es sucio,