La vida en el castillo no ha sido ni de lejos como me la habría imaginado de niña. Nunca fui muy fanática de las princesas, excepto tal vez Ariel, pero siempre creí que si viviera en un castillo estaría rodeada de sirvientes que cumplieran mis caprichos, que tendría todo el día para hacer lo que más quisiera y que comería lo que me viniera en gana.
Lo único bueno que puedo decir es que al menos ahorita ya estoy comiendo.
Y es que muchas veces preferí gastar mi dinero en una dosis más antes que