Inesperadamente congeniamos.
Por Jacky Henderson
—Menuda cosa la de Benedict— habla el idiota de Daniel, con una risita burlesca que quiero quitar de un solo golpe.
—Por qué no te callas y haces algo más productivo que reírte de tu hermano.
Estaba furiosa, no solo por la conversación que tuve con Benedict, también por como en la mañana este idiota se las daba de padre abnegado de mis hijos.
—Jacky, no creo que.
—¿No crees que tengo todo el derecho a pedirte que por fin te dediques a hacer lo que se ordenó? Tú estás aquí p