No sé cuanto había pasado desde que caí en un profundo sueño, uno que intentaba calmarme, pero que lo único que hacía era volver a mis más profundos recuerdos…
—¡Cuidado Ben, eso hace yaya!
Era la voz de Dani corriendo tras de mí para que no tomara un cactus, de esos que tanto cuida mi mamá en casa.
—Pero son helmosos, Dani, mida su flodecita tan bella.
—Lo sé, enano, pero ves esas puntitas, son espinas y hacen daño…
En medio de ese sueño/recuerdo aparece las tantas veces en que nuestro padre n