El día comenzó con una tensión palpable entre Oriana y Gabriel. Desde que había llegado a la oficina, él se había mostrado más distante de lo habitual. Apenas la miraba y se limitaba a darle instrucciones sobre un proyecto en curso sin mencionar lo ocurrido el día anterior.
Finalmente, al final de la mañana, Gabriel llamó a Oriana a su oficina. Ella entró con el corazón latiendo con fuerza, esperando alguna explicación.
—Tengo que viajar unos días —dijo él, con el rostro impenetrable.
Oriana si