La mañana en la oficina se sentía distinta. El aire estaba cargado de una tensión espesa, casi sofocante. Algunos empleados lo notaban, murmurando en los pasillos sobre el humor de Gabriel Blackwood, pero solo unos pocos se atreverían a especular sobre la razón.
Gabriel había llegado temprano, como siempre, pero su expresión era más sombría de lo habitual. Sus movimientos eran precisos, fríos, y cualquiera que se cruzara con su mirada sentía un escalofrío recorrerle la espalda. No dirigió más d